miércoles, 26 de noviembre de 2014

La puerta del armario



No me gusta, al dormir, que se quede entreabierta la puerta del armario. 

No tengo miedo al monstruo que pudiera salir. 

Tengo miedo a que un sueño, se cuele dentro una noche, y entre tanto desorden, no lo vuelva a encontrar.

sábado, 18 de octubre de 2014

La maestra



La maestra se agachó a su lado y le levantó la carita para mirarle a los ojos. Sacó su pañuelo del bolsillo y con suma ternura le enjugó las lágrimas aprovechando para limpiarle los chorretes de las mejillas. Lo tomó de la mano y se fueron juntos hacia la enfermería…

Los sollozos de Pablo se fueron calmando a medida que la voz de ella, puro terciopelo, rozaba su alma. Finalmente, sentado sobre una mesa, las piernas colgando y una cómica expresión de susto, se dejó limpiar y curar la herida. Mientras lo hacía, ella hablaba del recreo, de los juegos de pelota y de la próxima excursión al puerto, solo para distraerle. Él la miraba embelesado y de vez en cuando dejaba escapar un suspiro, vestigio del llanto que ya había cesado.

_Maestra…

_ ¿Qué, cielo…?

_Me gustaría irme a vivir contigo.

_Sería estupendo Pablo _respondió ahogando el nudo que amenazaba con deshacerse en lágrimas_ pero… tus padres te extrañarían, ¿no crees?

Él no respondió. Fijó la vista en sus zapatos y se distrajo mirando cómo se balanceaban en el aire…

Ella terminó de vendarle la herida, guardó el agua oxigenada, las tijeras y las gasas, y extendió sus brazos para ayudarle a bajar de la mesa. Sostuvo su cuerpecito delgado en el aire unos segundos y lo dejó con suavidad en el suelo. Después buscó en su bolsillo un caramelo masticable y se lo tendió sonriendo.

Pablo miró el bolsillo extasiado. Siempre le había parecido que la maestra tenía algo de “maga”. En aquel bolsillo encontraba todo lo que necesitaba en el momento preciso: si iba a escribir en la pizarra, encontraba una tiza; si una nota a los padres, un bolígrafo rojo; si alguien tenía la nariz sucia, el pañuelito blanco con sus iniciales, y si alguien perdía la goma, aparecía una de repuesto… Ahora, que él estaba triste y dolorido, salía uno de sus caramelos favoritos…

Si… sin duda, tenía que ser magia.


Justo antes de atravesar la puerta en pos de sus amigos se volvió corriendo, aferró su bata blanca con las dos manos chiquitas y la obligó a agacharse nuevamente. Sin darle tiempo a reaccionar le tiró los brazos al cuello.

El abrazo duró un par de segundos, los suficientes para que las lágrimas se escaparan caprichosas de aquellos ojos color de miel.

Y mientras él corría ya olvidado de sus heridas, hacia el patio del recreo, la maestra se miró en reflejo de la ventana y recordó las razones que un día la habían empujado hasta allí. Y se dijo a sí misma: 
 _Sí, ha sido una decisión acertada. La mejor de mi vida.




viernes, 4 de julio de 2014

La persistencia de la memoria





Puede que el péndulo del reloj se compadezca, 

sople con suavidad, 

seque mis lágrimas… 

Puede que una niebla azulada y húmeda 

vele el espanto del cementerio 

en que nuestra casa 

se ha convertido. 

Puede que un dios benévolo y hermoso 

ponga en mi frente 

su palma, de vez en cuando, 

invocando al olvido durante unos instantes… 

Puede que tus miradas 

endulcen los silencios inclementes, 

o que tras los susurros 

se escondan los demonios. 

Puede que intente amarte, 

que te perdone, 

o que ría quizás tus alegrías, 

pero esta cicatriz que atraviesa mi rostro, 

esta atroz quemadura 

en mis ojos castaños, 

esta herida infectada y sangrante

no tiene cura… 

ya no puede sanar… 

es una marca negra y putrefacta 

que llevaré en mi carne 

hasta el último día, 

que anidará en mi alma incluso más allá… 

más allá de la muerte,

¡hasta en mis otras vidas!


lunes, 23 de junio de 2014

Ha vuelto tu silencio



Ha vuelto tu silencio...

¡hacía tantos años que no nos visitaba!

Ha vuelto sin razones, 

y con él, el dolor que habíamos olvidado.



Vino desde ¡quien sabe que recónditas sendas!

llegó como un regalo macabro

de la muerte... 

y se instaló en tus manos

en tu frente arrugada 

tapiando las ventanas que abrías a la tarde...


Desde que ha regresado

no sé donde buscarte 

te escondes en los pliegues de su túnica oscura

y no hallo tu rastro 

ni siquiera tu sombra

se me han roto los ojos tratando de encontrarte.



Ha vuelto a enmudecerte 

mientras yo desespero 

a ocupar el reloj de nuestras horas juntos 

sin dejarnos espacio ni tiempo para abrazos, 

sin dejarnos al menos una rendija abierta 

para que entre la luz 

al mínimo descuido.



Tu silencio se escurre por los muros desnudos

se cuela entre mis libros

mancillando palabras 

que huyen 

y ya nunca regresan, 

enlentece las horas en las que no hallo el sueño

se hamaca entre tus sienes 

clavándote sus garras

deshojando en enconos 

tus latidos hastiados de tanta soledad acompasada.



¡Cuánto dolor encierra tu silencio gastado!

que me revienta el alma de purita impotencia... 

Si sufro yo, que puedo 

a veces desterrarlo 

gritándote a la cara mi rabia y desconsuelo

¡cuánto has de sufrir tú!

que apretando los puños, 

te empeñas en desollar tu herida

mordiéndote los labios...



...convocando al silencio.

martes, 13 de mayo de 2014

Los trece mandamientos del supersticioso.

(Aprovechando que hoy es martes 13, hablemos de supersticiones, eso sí con mucha irreverencia y un poquito de buen humor. Aquí les dejo mis "Trece mandamientos del supersticioso"). 



1.- No rompas un espejo. Podrías cortarte y es probable que salgas de casa con el rímel corrido. 

2.- No abras el paraguas dentro de la casa. Y menos si hay alguien cerca al que podrías sacarle un ojo. Recuerda que sacarle un ojo a alguien también trae mala suerte.  

3.- No dejes el sombrero sobre la cama. Se te dormirán las ideas. Bueno, si a estas alturas del S. XXI usas sombrero es posible que ya estés bastante “dormido”. 

4.- No pases por debajo de una escalera. Y si pasas no la empujes, al que está subido a ella le traerás mala suerte y muchas probabilidades de escayola.  

5.- Evita cruzarte con un gato negro. Es imprescindible que,  si te lo cruzas, des inmediatamente tres pasos atrás. Eso sí, teniendo cuidado de no volver a pasar por debajo de la escalera de antes. 

6.- No derrames la sal. Según la tradición, si lo haces, debes lanzar una pizca sobre tu hombro izquierdo, ya que es el sitio por el que se asoma el diablo (o al menos eso es lo que dicen los religiosos que siempre han sido de derechas) Dicen los entendidos que si derramas sal, azúcar, vino o leche, es señal de que tu economía se verá resentida. Eso sí, en favor de la del simpático dueño de Mercadona, ya que tendrás que volver a hacer la compra.  

7.- No dejes que te barran los pies.  Y menos si acabas de comprarte zapatillas nuevas. 

8.- Si vas a casarte, prohibido que el novio vea el vestido  antes de la boda. Si resulta que pareces un repollo igual se arrepiente… 

9.- No te levantes de la cama con el pie izquierdo.  Mejor aún… ni te levantes. Total… para lo que hay que ver en la tele. 

10.- No vistas de amarillo. No olvides que Molière murió en el escenario vestido de amarillo. Y si el color amarillo pudo cargarse a un genio como él, contigo no tendrá piedad, te lo aseguro.  

11.- No viajes en día martes, y más aún si es martes 13. Es más, no viajes nunca. Recuerda que viajar amplía tus horizontes, te ayuda a eliminar prejuicios, te hace crecer como persona, te vuelve tolerante… y ¡no podemos permitir eso! 

12.- No pierdas un guante. O cómprate todos los pares del mismo color…  

13.- No cuelgues un cuadro torcido. ¡Alguien podría pensar que es arte moderno!


Si después de leer estos consejos  te das cuenta de que has hecho todas esas cosas y no has tenido mala suerte en tu vida, existen dos posibilidades:

Una: que seas un “Gafe” (en España hay algún ejemplo de dominio público) y la mala suerte la repartas a diestro y siniestro generosamente y sin quedarte nada.

Dos: que tu retorcida mente científica no sea capaz de relacionar los hechos  con meridiana claridad para darte cuenta de que los recortes en I + D no son simples casualidades de la vida. 

lunes, 12 de mayo de 2014

Dos abrazos



Hoy he recibido dos abrazos.

Uno por la mañana, impregnado de reencuentro. Un abrazo feliz, apretado y afectuoso, que me llenó el corazón de regocijo, predecesor de una charla animada, regada con vino y risas.

El otro abrazo, el de la tarde, venía teñido de luto. Un abrazo largo, triste, de esos que no necesitan de palabras porque en el silencio el dolor se comparte plenamente y las almas se comprenden y se consuelan arropadas en la mutua lealtad y la ternura.

¡Cómo es la amistad! Lo mismo estalla jubilosa, franca y deslumbrante, llenando el aire de luces y esperanzas, que se acurruca noble y cómplice en los corazones rotos para ofrendar consuelo y curar heridas con vocación galena.

En todo caso, y mirando hacia atrás, y hacia adelante, y a los lados, sólo abrazo un deseo:

“Que nunca,

nunca,

nunca

me falten mis amigos”

lunes, 5 de mayo de 2014

Paréntesis



Sea mi soledad el único tributo

al Dios Obstinación y sus sicarios, 

guárdeme Maya de ejercer su magia 

sin abolir la ralea de los que 

engendran esclavos.



Sea mi soledad ¡tan merecida! 

una forma de vida con la muerte 

hasta que cambie el viento

y sople desde el sur 

deshilachando brumas, 

barriendo nubarrones en mi orilla.



Sea una vez y otra, 

la primera,

y descúbrate más allá de las montañas

ávido de ternuras tempraneras 

expectante y rendido a los ritos de amor 

que te enseñare. 



Sea el aliento helado de la muerte 

el que de vida a las llamas que se aúnan 

para forjar la perfección del cosmos 

en que nos transformamos … 



Sea tu soledad también la mía, 

y encuéntrense las dos para extinguirse 

entre tu cuerpo y el mío entrelazados...





Sea. Y cuando haya sido, 

entonces, 

hagamos un paréntesis...



¿Serías capaz, amor, 

de penetrar mi alma deshabitada,

y poblarla de estrellas?





viernes, 2 de mayo de 2014

Rosario de palabras



Yo, que ya no sé orar, no supe sostenerlo entre los dedos. Se me cayó el rosario de palabras andantes y salieron rodando, desperdigadas por el suelo del salón. Las estaba enhebrando para componer con ellas, una poesía. Pero el hilo, más débil que el peso de las mismas, rompió sin previo aviso. Y se perdieron muchas debajo del sofá, detrás de las cortinas, en el rincón umbrío junto a la biblioteca.

Mientras las busco, hilvano las que voy encontrando y entonces lo comprendo:

De toda lógica es, que el hilo de la trama no aguantara la carga. Se trata de palabras de mucho peso. Entre ellas están “lucha”, “verdad”, “filosofía”; y también “profesor”, “igualdad”, “prosperidad”, “irreverencia” y “lápiz”.

martes, 22 de abril de 2014

Puertas

Dibujo: Puerta vieja - Carlos Sánchez


Nació un 13 de Enero. A ella le gustaba decir que nació el día 13 del mes 13, solo para que los supersticiosos cayeran en la tentación de darle la murga y poder mandarlos a la mierda sin contemplaciones. Pero su suerte nunca estuvo ligada a los números y ella lo sabía. De hecho, todas las puertas de su existencia se las había abierto o cerrado la palabra.

La puerta del mejor colegio de la ciudad, al que entró saltándose un curso, se abrió porque sabía leer perfectamente con solo 4 años.

La puerta de la sala de castigos se cerró tras ella gracias a la frase: “te vas a cagar mamón”, cuando el cura quiso hacerle creer que tocarle el culo era algo de lo más natural y hasta tenía su mística.

La puerta del periódico universitario la franqueó triunfante con aquel artículo bajo el brazo, sobre la tendencia de los represores a restringir la filosofía en favor del credo.

Y las puertas de la lucha colectiva las empujó ella misma fundando contra viento y marea la revista “Mi mundo ciego” en la que, desde el exilio, denunciaba los abusos de un régimen totalitario, falsario y déspota que masacraba a su pueblo ante las narices de las “naciones libres” sin que nadie hiciera nada.

Esa misma lucha le abrió una noche, cruzando la frontera, el portón de la cárcel. Y allí, en aquel universo sin ventanas ni papel donde escribir, en el mismo instante en que se cerraba tras ella la reja metálica, se colaba en su alma un resquicio de luz, al oír las palabras “Hola, soy Laura” que en forma de bienvenida le regalara su compañera de celda; la misma que derrumbaría todos los muros y abriría de par en par todas sus puertas, develando para ella los secretos del amor, tras los barrotes del calabozo número 13.

Para los que gustan de sumar números y hacer cábalas haré una pequeña aclaración: que las puertas del infierno se abrieran para ella un 5 de Agosto, nada tuvo que ver con la mala suerte. Fue la consecuencia natural de haberse negado una y otra vez a “colaborar”, de no revelar un solo nombre, ni facilitar un solo rastro para que los redactores de “Mi mundo ciego” pudieran seguir contando las verdaderas noticias.


viernes, 18 de abril de 2014

Ojos de agua




Soy un secreto a voces, 

un puñado de arena incandescente, 

un movimiento pendular, 

un chaparrón de semillas de colores, 

un a onda en el agua, 

sucesor de otra onda, y de otra… 



Soy la sombra, el temblor, el desconsuelo, 

el heredero de un tesoro inventado. 

A veces, un haz de luz mortecina 

atravesado por motas de polvo deambulantes, 

un báculo sin dueño, 

un espejo hecho añicos 

y sus correspondientes años de infortunio… 



Una preguntas retórica, 

un descuido, 

un rastro de carmín inculpador, 

una falacia, 

una disculpa incoherente a mitad de camino 

entre mi desazón y tus ojos de agua. 



sábado, 22 de marzo de 2014

Bruno

Dedicado a mi amiga Allison, que rescató a Bruno contra toda necedad o 

despropósito, sin importar si en aquel acto generoso, arriesgaba 

su propio interés.


Doce de la mañana. Me dirijo al trabajo con pasos apurados. El sol entibia las calles. La gente camina despreocupada, inmersa en sus quehaceres y sus pensamientos.

Al girar en una esquina me lo encuentro de golpe. Parece un saco informe de huesos, y cuero ensangrentado. No es posible pensar en un ser vivo, salvo porque se mueve y gime quedamente. Me agacho con cuidado y me mira a los ojos. Está muerto de miedo, de hambre, de cansancio. Su estado de abandono es espantoso, la sarna y el recelo lo devoran en vida. Casi no tiene orejas. El instinto de supervivencia, apenas aferrado a sus carnes marchitas le lleva a roer una piedra. Es uno de los muchos perros desamparados que esconde mi ciudad por todos los rincones. La gente indiferente nos esquiva entre muestras de desagrado por el inconveniente de tener que rodearnos. Parece ser que ocupamos un espacio precioso en la agrietada acera.

Su mirada suplica: “No me dejes morir”… “no me abandones ahora que ya me has conocido”.

Durante unos instantes recuerdo mi responsabilidad, los pacientes, la sala de espera atiborrada de mujeres encinta… Pero al momento, automáticamente, tal como me enseñaron, decido aplicar la regla de oro de mi profesión: priorizar, lo urgente antes que lo importante.

Aviso que no iré a trabajar esa mañana al hospital. Preguntan la razón. Fiel a mí misma les digo la verdad.

Lo rescato de su inminente muerte y él, en agradecimiento, decide sobrevivir.



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Al día siguiente me espera temprano mi superior en su oficina. Miradas censuradoras se me clavan en la espalda mientras abro la puerta de su despacho. Frustrados compañeros de trabajo que ayer, por mi ausencia, trabajaron más de la cuenta. O no, cualquiera sabe. Posiblemente mi ausencia la pagaron las pacientes del hospital.



Hay una discusión en la que no encontramos ni un solo punto en común. Me pone una falta grave y una advertencia.

_Me hubiera bastado con que dijeras que no te encontrabas bien, y nada habría pasado. Pero faltar por un perro, como comprenderás, es algo inadmisible.

_ ¿Está Ud. sugiriendo que habría preferido que le mienta? _ pregunto incrédula, recalcando las palabras.

_ Es obvio _me contesta _cualquiera menos tú se daría cuenta.

_No es obvio para mí _respondo incrédula._ Pensaba que la honestidad tendría algún valor Soy enfermera porque amo la vida. Y no solo la humana. Toda la vida.

Me retiré del despacho sintiéndome a medio camino entre la frustración y la victoria. A mi edad no he aprendido a mentir todavía, y así me va…

La falta grave mancha ahora mi expediente bloqueando cualquier posibilidad de ascenso o promoción laboral y el orgullo que siento cada vez que pienso en ella me hace fuerte.

Por cierto, mientras escribo, Bruno, un bello, enorme y feliz dogo blanco dormita y suspira tumbado a mis pies, hecho un ovillo. Mientras lo observo respirar me digo a mí misma que volvería a hacerlo, no solo una, sino mil veces más si hiciera falta.

jueves, 20 de marzo de 2014

La mochila




Hoy me regalaron una mochila. 

Parece un regalo corriente pero no lo es. 

Una mochila es, según se mire y según se use, una nave al paraíso, un tren con destino al asombro, un navío cargado de ojos ávidos de paisaje. Puede parecer inofensiva, pero su poder radica en ir minando nuestro sosiego, en perturbarnos la paz y el orden establecido hasta que no nos quede más remedio que lanzarnos al vacío de la aventura. 

Es un arma de doble filo porque nos embauca para no regresar jamás a casa. Nos seduce con olores exóticos y colores nuevos. Nos empuja por caminos y andenes, por terminales y aeropuertos, por cañadas, por valles, por bahías y torrentes que descienden de montañas. Nos instiga a mirar adelante y buscar siempre nuevos horizontes estrellados, balcones con vistas, abismos sin fondo… 

Tenerla en un rincón de la casa siempre supone un peligro. Desde su esquina umbría, silenciosa y astuta, ella acecha paciente. Al mínimo descuido nos embruja fingiendo candidez, a abrirla y vislumbrar sus posibilidades. Y una vez lo hemos hecho, ya somos presa fácil. El salir por la puerta cargados de entelequias sólo es cuestión de tiempo…

martes, 18 de marzo de 2014

La mentira



La mentira es una forma de suicidio. Una línea curva que se inventan los cretinos para que el rodeo les proporcione un poco de tiempo en el que rehuir su propia mirada en el espejo.
Es la vanagloria de la cobardía y el miedo de uno mismo. Una flaqueza oblonga disfrazada de soberbia.
La mentira lacera al estafado, pero hiere de muerte al embustero. Le rebaja al más vil de los escarnios a la más brutal de las vergüenzas: la propia indignidad.

La mentira es una forma de violencia. La inmolación implícita de una grandeza innata que el mentiroso lapida en alas de lo efímero.
Extravío de lo auténtico en el que naufragan las buenas intenciones. Dulce agonía donde se pierde todo con conocimiento de causa y de consecuencias. 
Un crimen perpetrado contra la honestidad, excusado en la inmediatez de un regocijo, que más pronto que tarde mutará en sufrimiento. 
Es la puerta de entrada al laberinto que no tiene salida.


La mentira es una táctica de huída. Y el mentiroso pues, un timorato.  

lunes, 10 de marzo de 2014

El que avisa no es traidor



Como no sé guardar secretos, yo lo advierto de antemano.

Una cosa es ser indiscreto y otra muy distinta ser traidor.

Por eso te prevengo: no me cuentes, no me digas, no insinúes, no lo mientes, no compartas ni comentes. 

No lo expliques ni menciones, no lo cites, no lo nombres, no declares, no reveles, no me informes, no murmures, no asegures, ni aseveres ni confirmes… 

No musites, no profieras, no masculles, no intervengas…

¡No confieses! ¡No sostengas! 


¡NO TE VAYAS DE LA LENGUA!

sábado, 8 de marzo de 2014

Para todas ellas.

(Día Internacional de la Mujer)

Dibujo: Espalda de mujer (boceto) / Carboncillo, 2009 - Janeth Valdez.

Para las que se sienten solas. Para las que trabajan los campos. Para las que doblan sábanas y recogen las migas del mantel. Para las que aman la cocina y para las que cocinan porque no les queda otro remedio. Para las jóvenes y las que ya pintan canas. Para la que disfrutan de paseos en bicicleta.

Para las que curan heridas o recomponen corazones rotos. Para las que lloran viendo una película. Para las que lavan la ropa en las orillas de los ríos. Para las que escriben canciones, para las que tocan guitarras. Para las que danzan con los ojos cerrados.

Para las que dan las noticias. Para las que hacen deporte. Para las que juegan a la rayuela. Para las que peinan, para las que fabrican robots, para las que entrenan deportistas, para las que navegan, para las que vuelan…

Para las que besan poniendo el alma en los labios. Para las que lloran a escondidas. Para las que aman a hombres y a mujeres por igual.

Para las de la cola del cine, para las de la cola del paro…

Para las que afilan lápices de colores, corrigen deberes o tienden al sol la ropa.

Para las que dirigen el tráfico. Para las que estudian arquitectura. Para las que se disfrazan y brillan encima de un escenario. Para las que hacen vino. Para las que reparten periódicos. Para las que escriben, para las que leen, para las que habitan en rincones oscuros. Para las que tejen abrigos, para las que sirven copas, para las que conducen camiones, para las que se ríen sin miedo. Para las que luchan. Para las que temen. Para las que se muestran. Para las que se esconden.

Para las que apagan fuegos. Para las que encienden hogueras.

Para todas ellas en todos los lugares de la Tierra. Para todas esas PERSONAS, sin importar si son mujeres u hombres…

Porque un día de la mujer no debe distinguirnos, debe hacernos iguales. Porque un día de la mujer debe ser celebrado con la reivindicación de que alguna vez, por fin, desaparezca, que no sea necesario, que sobren las distinciones, que deje de tener sentido. ¿Acaso tendría sentido celebrar el día de los animales macho? ¿Acaso sería coherente celebrar el día de las gatas, de las perras, de las elefantas?

Es por esa razón que hoy, 8 de Marzo, día internacional de la mujer, he decidido celebrarlo expresando mi deseo de no tener que hacerlo nunca más. Que la lucha sea por un mundo mejor sin tener que distinguir sexos, que la lucha sea por la dignidad de todos, por la libertad, por salvarnos todos, no por salvarnos a unos de los otros.

Les deseo pues, amigos y amigas, más que un feliz día, una FELIZ VIDA. Que en algún momento todos los días sean, el día de todos, el día de la humanidad completa, en el que no importe la raza, ni el sexo, ni las preferencias, gustos o creencias de cada quien.


Llámenme loca. Es mi deseo.

viernes, 7 de marzo de 2014

Sin que me diera cuenta


Sin que me diera cuenta 

te instalaste en mi vida 

robando sin pudor 

las llaves de mi casa, 

para hacer tuyas mis manos, 

mi boca, 

mis ojos negros, 

para libar las lágrimas 

que arriban a mis labios. 



Sin que me diera cuenta 

hundiste tus raíces en mi 

tierra mojada

y sorbiste los gestos de mis sonrisas nuevas, 

bebiéronse tus frutos 

infames 

las mieles de mi boca, 

profanaste el santuario 

que la madre natura 

erigiera en mis senos. 



Sin que me diera cuenta 

helaste mis ventanas, 

apagaste la fragua en que 

forjaba mis sueños, 

encerraste los pájaros que habitaban 

el bosque, 

esculpiste desdichas 

en mi rostro, 

mi morada y mi lecho. 



Sin que me diera cuenta 

fuiste barriendo huellas, 

envenenaste el agua, 

extinguiste mi fuego, 

contaminaste el aire que respiro 

y mi tierra 

volviste yerma, impura… 

todo lo que había amado 

desterraste al olvido. 



Condenada tristeza, 

te instalaste en mi vida 

y diste muerte a mi alma, 

sin que me diera cuenta.


jueves, 6 de marzo de 2014

Rojo abismo


Creía yo que al morir cruzaría un largo túnel oscuro, y que al final, vería la luz blanca y cegadora esperándome pacientemente al “otro lado”. Mi túnel sin embargo era acuoso y azul, y cambiaba de forma… describía caprichosos meandros, se transformaba de a ratos en laberíntico pasadizo palpitante… Un tronar de tambores acompasaba el viaje vertiginoso y violento hasta la náusea.

Al fondo, muy al fondo, una hondonada escarlata, incandescente, un largo precipicio, de dientes afilados, una lengua gigantesca, húmeda y repulsiva, cubierta de pústulas rezumantes de pus y negra sangre… El monstruo que entonces me engullía, no sabía de cielos ni de infiernos, no entendía de dioses ni demonios, estaba, simplemente, a la salida del túnel esperando su cena: el próximo suicida.

martes, 4 de marzo de 2014

Volar sin alas.



Ella viajó por el mundo,
habló otros idiomas,
hizo fotografías de paisajes increíbles,
escribió historias y recitó poesía.

Atravesó ríos a nado,
respiró amaneceres a puñados,
tuvo mascotas,
rió chistes,
escuchó con atención y sin interrumpir a sus amigos.

Descubrió rincones fascinantes en viejas ciudades.

Alivió tristezas,
puso “tiritas” en rodillas y corazones despedazados,
organizó fiestas navideñas,
derribó muros,
anduvo parques en bicicleta.

Preparó exámenes en la playa,
condujo hasta el aeropuerto,
alistó maletas,
se deshizo en llantos.

Nadó, subió montañas,
pintó carteles,
hizo teatro, patinó,
planchó camisas,
anduvo descalza,
cocinó recetas vegetarianas,
perdonó pero no fue capaz de olvidar.

Asistió a conciertos,
metió la pata,
levantó las manos,
gritó goles,
estudió filosofía,
se interesó por el mundo,
comentó las noticias,
opinó con respeto,
se refugió en el parque.

Tocó la guitarra,
hizo mudanzas,
reordenó los armarios,
se cortó el pelo en señal de dolor,
fue artífice de reencuentros,
emigró.

Tarareó canciones de cuna.

Amó con toda su alma.

Besó sapos. Cazó mariposas. Remontó cometas.

Defendió a su familia transformada en leona…

Luchó a brazo partido por su felicidad.

Nunca acabó la carrera.

Por eso, cuando alguien afirma que la realización del ser humano pasa por el éxito profesional, ella sonríe condescendiente y no contesta. Vuelve discreta a su libro mientras en su cabeza planifica la próxima aventura.

lunes, 3 de marzo de 2014

Tres son multitud



A papá y a mí nos encantaba aquel juego.

Tirábamos los dados... Si salía un número par tocaba postre doble y cepillar al perro. Los impares nos otorgaban el derecho de ir al parque, previo pago de un impuesto de habitaciones limpias.

Dos unos consecutivos, nos agraciaban con una carrera a la pata coja por el pasillo y una onza de chocolate después de la merienda. Dos seis, establecían una tasa especial: ayudar con la comida y recoger la mesa, con la particularidad de que si al acabar, barríamos la cocina, podríamos ir al lago en bicicleta a la hora de la siesta.

El cinco permitía disfrazarse con ropas de mamá y hacer ensalada de frutas. El cuatro, jugar a la escondida si antes, doblábamos la ropa limpia.

La vida, jugando sin cesar rozaba la aventura. Ninguno conocía la sorpresa que el día deparaba. Era estupendo tomar parte de andanzas y correrías por todos los rincones. No importaba tener que recoger las hojas secas del patio sabiendo que la paga sería una rayuela o una función de títeres al atardecer. El mundo sonreía… y hasta los días de lluvia podían transformarse en picnics en la alfombra del salón o fábrica de galletitas de canela.



Una mañana mamá hizo las maletas. Llorando salimos por la puerta. Yo, sin entender nada.

Al tiempo lo pude comprender: una mala partida.

Papá se la jugó a los dados. Y la perdió.


Había sacado un tres… un número malísimo.

martes, 25 de febrero de 2014

Los esposos

Para M. y R. 



Esconden en los ojos un misterio callado;
Quizás la rebeldía de emplazarse frente a frente
lo que queda de vida.
El augurio feroz de resistir a todas las miserias del mundo.
La voluntad salvaje de conquistar los días vestidos de promesas.

Su máximo tesoro consiste simplemente en el libre albedrío.
Libertad para entregarse…
infinitud en la entrega…
Reír como quien desgrana racimos de cristal
sobre un suelo de mármol.
Convocar la alegría en todas las trincheras.
Pelear hasta la muerte,
rescatarse del  tedio,
inspirar a los hijos,
construirse las alas…

Saben que su destino se escribirá por siempre
en una cinta blanca ondulando al aire,
que en el juego tardío se apostaron la vida
y ganaron la aurora, el oleaje, la luna,
el croar de las ranas;
el cordón con que atan la soledad insomne
a la cola brillante del cometa,
la explosión otoñal de color
del liquid ámbar.


Escriben sus verdades en las paredes húmedas
de la cueva sagrada,
se bañan en la orilla de un río que susurra
desafíos y honras,
ahúman en incienso los sueños desbocados,
se libran de los miedos ardiendo en una hoguera
que es más una delicia que un martirio.

Conocen su poder. Es la felicidad.