sábado, 29 de abril de 2017

Traslado

Queridos lectores: 

Este blog se ha trasladado a https://nahirsubelzu.wordpress.com/ 



Espero encontrarlos en mi nuevo espacio. Muchas gracias.


Nahir.- 

domingo, 17 de mayo de 2015

Papá


Por suerte papá estaba loco. 

Me ponía alas en los pies, versos en los ojos 
y mariposas en las manos.
 
¡Un loco de atar! 
Por suerte...

De la luz o del fuego




Se me instaló un sol dentro del pecho. 

Unos dicen que alumbra, pero a mí me está quemando.

domingo, 3 de mayo de 2015

Peaje





Las rodillas desolladas 
son un peaje razonable, teniendo en cuenta los vuelos desaforados 
y demás delicias 
que le proporciona 
la bicicleta.

viernes, 1 de mayo de 2015

Queridas tormentas

Este es un texto compartido. 

Mi sobrina, Mica Alexandre puso la inspiración. Y entre las dos hicimos el trabajo. 




 Después de las tormentas nos queda recoger nuestros propios girones. 

Rescatar lo que esté entero. Hacer recuento de daños irreparables y de certezas a salvo.

Componer lo que nos queda en las manos, reconstruirnos las alas, recolectar las migajas para volver a poner en marcha el reloj de arena.

Después de cada tempestad y durante una época ¡nos somos tan extraños! No nos reconocemos a causa de los cambios que esculpieron los golpes. Nos erguimos transparentes, ligeros. Como los vampiros, no nos reflejamos en los espejos.

La brillantez del día estrenando luz contrasta con nuestro “blanco y negro” que insiste en no marcharse. Y para desembarazarnos de la sombra no basta con ponernos en pie, hay que aprender a subir por las montañas de escombros sin caer al abismo.

Yo quiero a mis tormentas. A su brutalidad le debo lo que ahora soy, lo que conmigo cargo. Ellas me construyeron a base de aguaceros y huracanes, a base de viento inclemente y frío del que cala los huesos. Erosionaron las muecas de dolor que ahora son sonrisas. Llenaron mis ojos de arena hasta que pude llorar toda amargura.

Ellas me enseñaron a buscarme, y a reconocerme cuando me encuentro. A tender yo misma los puentes que franqueen mis ríos. Me revelaron el inicio secreto de las escaleras de caracol y encendieron el fuego que me alumbra los caminos ascendentes, repletos de restos de los propios naufragios.

Desde que no las temo, he comenzado a amarlas. Tal como la semilla ama la tierra que la sepulta viva. Son el reto que espero cuando la vida amaina largamente. Mis maestras, mis musas… mis queridas tormentas… las que me ponen retos inalcanzables para que en el fragor de todas mis luchas edifique mi propia obra de arte con los pedazos inservibles de una vida que destruyen para que yo me siga levantando. Y me venza. Y me salve.



martes, 28 de abril de 2015

Si...





Si hablamos de tu ausencia, entonces, 

lo que hay a mis pies, más que una carretera 

es un sepulcro.

Retrospección



Afilar lápices de mina es un ejercicio sencillo de retrospección 

Las virutas rizadas semejan bucles de tiempo posados suavemente en mi mesa.

miércoles, 22 de abril de 2015

Derribo



Abrí los ojos mientras me derrumbaba.

No quería perderme el instante más revelador de mi propia existencia:

ese, previo a la muerte de todas las convicciones.

Me descubrí cambiando durante el mínimo tiempo que duró la caída.

Me encontré como Alicia, en un agujero de conejo

con el reloj desvelándome que era demasiado tarde.

Jugué mis cartas aun sabiendo la partida perdida.



Me vi tras un espejo de miseria

incapaz de reconocer a la niña que, descalza,

porfiaba en atravesar los charcos

sabiendo que iba a herirse las plantas de los pies.



Las verdades nos asaltan sin misericordia ni rodeos.

Se emboscan en pozos negros

y nos enseñan a base de zarpazos o de escarnio.

Aprendemos llorando.



No queda universo seguro ni refugio que salve de todas las tormentas.

Hay mares embravecidos que, como en las canciones,

atravesamos navegando en cáscaras de nuez.



La resurrección es una cuestión de principios.



Las cosas han cambiado. Hoy prefiero perderte que perderme.





miércoles, 8 de abril de 2015

Cuaderno de viaje







Mi cuaderno de viaje es un efugio en forma de libreta con hojas amarillas de papel reciclado.

Es un cómplice que se acerca a mis noches en vela, un aventurero callado y abnegado que guarda propósitos y recuerdos.

Con él planifico mis periplos y desgrano listas de todo tipo: de equipaje, de destinos, de pros y contras, de personas, de preámbulos…

Contiene amagos de relatos. Sujeta ideas que nunca terminarán de ver la luz y otras que finalmente mutarán en historias. Esconde retazos de poesía, versos rotos y torpes, palabras bellas, preguntas sin respuesta…

En sus hojas perfumadas hago además apuntes de estudio, anoto números de teléfono o pequeños recordatorios como si de una agenda se tratase.

A veces, dibujo distraídamente en cualquiera de sus esquinas figuras geométricas, o las letras de un nombre, que sorteando mis sentidos, adviene a mi mano.

Un lugar especial entre sus páginas lo ocupa el inventario de los libros que quiero sacar de la biblioteca, películas que algún amigo ha recomendado o música a descubrir en mis ratos tranquilos.

Es el muro donde escribo aquellas letras de canciones que me tocan el alma, y en el que a veces, me permito rubricar algún consejo, alguna frase que me obligue a repensarme, con la esperanza de que un día de suerte, ojeándolo distraída, vuelva a encontrarla y quizás, ¿por qué no?, encienda en mí una hoguera en la que abrasarme creando.


lunes, 6 de abril de 2015

La madre de Paloma

Imagen de: http://www.zazzle.es/


Paloma acabó su clase de patinaje. Se quitó los patines, los puso en la bolsa de deporte y se calzó. Luego se dispuso a ayudara a Laura, que se había torcido un pie y estaba muy dolorida. Agarró el bolso de su amiga y lo cargó hasta la sede de la Asociación de Padres, donde siempre los dejaban al finalizar la actividad. No fue trabajo fácil porque los patines pesaban mucho y cargaba también los suyos. Pero lo hizo.

Su madre, que la esperaba en el patio del colegio, se molestó muchísimo, quizás porque tendría que hacer algo urgente, y le gritó que se diera prisa, que por qué era tan tonta y que Laura tenía una hermana mayor para que la ayudara. Que no te jode, que estaba hasta el moño y que había que ver cómo permitía que la gente se aprovechara de ella.

Paloma siguió a su madre por la acera apurando el paso con carreritas cortas para alcanzarla mientras intentaba explicarle sin éxito lo sucedido.




La historia que acabo de contar, no es por desgracia una historia inventada. La presencié hace unos días cuando recogía a mis sobrinas del colegio: Laura, la inquieta del tobillo torcido y Natalia, su despistada hermana adolescente que terminó la clase y se fue a dejar su propia bolsa de deporte, dejando a su hermanita en compañía de su amiga Paloma.



El incidente me hizo sentir muy mal.

La niña cargada con los patines se había topado conmigo en medio del patio, mientras yo corría a auxiliar a mi sobrina, y se ofreció a dejarlos en la AMPA. Yo, sin darme cuenta del malestar de su madre, le dije que sí y le agradecí la amabilidad. Si me hubiese hecho cargo del bolso no le hubieran gritado de aquella manera.




La reflexión es inevitablemente dura:

Todos queremos un mundo mejor, queremos que las personas sean amables, empáticas y solidarias. Todos queremos respeto, sentirnos queridos, que nos ayuden cuando estamos en apuros, que nos sonrían y nos demuestren afecto. Y toda esa teoría está muy bien, es muy apropiada y honrosa. Sin embargo, en los pequeños detalles fallamos tanto que conseguimos cimentar justamente lo contrario.

Llevo días preguntándome qué es lo que aprendió Paloma aquella tarde. Por qué cuando una criatura actuaba con toda inocencia de forma tan pura, le trasladaron la idea de que se estaban aprovechando de su gentileza, de que ser atento es estúpido y encima le castigaron con gritos, que en el fondo, ni siquiera iban dirigidos a ella.

¿Por qué no recibió la merecida felicitación por su actitud solidaria? ¿Por que su madre, inmersa en sus propias miserias cotidianas se olvidó que se educa con el ejemplo?

Sólo espero que un día no muy lejano, tenga la oportunidad de mirarse a sí misma y reparar el error. Y espero también que para Paloma no sea demasiado tarde y se haya convertido ya en alguien como su madre.





lunes, 9 de marzo de 2015

Cosas que me hacen feliz y no cuestan nada.




Levantarme temprano.
Escuchar el canto de los pájaros.
Caminar entre los árboles.
Andar descalza.
Mojarme los pies en la orilla del mar.
Gritar a todo pulmón.
Jugar con el “eco”.
Bailar como una loca.
Oír mi canción favorita a todo volumen.
Tomar mate con un amigo.
Contemplar el cielo estrellado.
El olor a hierba recién cortada.
Hacer morisquetas frente al espejo.
Colar café.
Acostarme en una cama con sábanas limpias.
Pintar una tarjeta casera para felicitar a un amigo.
Hablar por teléfono con mamá.
Explotar las ampollas del papel burbuja.
Contar cuentos reunidos alrededor de una hoguera.
Ducharme.
Detenerme a escuchar a un músico callejero.
Contar chistes malos.
Perfumar la casa con esencia de sándalo.
Construir un castillo de arena.
Bañarme en la playa.
Remontar una cometa.
Hacer pirámides de naipes para que un niño las derribe soplando.
Volar en un columpio.
Aprender algo nuevo.
Pasear con el perro.
Recoger moras del campo.
Abrir todas las ventanas de la casa para que entre el olor a primavera.
Poder recordar.
Las guerras de agua con pomos.
Desayunar en pijama de invierno.
Regar las plantas.
Hacer sapitos a la orilla del río.
Pisar charcos cuando llueve.
Nadar.
Andar en bicicleta sintiendo el viento en la cara.
Poner la mesa con esmero porque sí, sin un motivo especial.
El crujir de las hojas bajo mis pies en otoño.
Revivir un sueño feliz.
Sonreír por la calle aunque te miren raro.
Que alguien te acompañe a hacer esa gestión que te da tanta pereza.
Empezar un cuaderno.
El olor a libro nuevo.
El olor a tierra mojada.
Volver a casa después de un día agotador.
Las lluvias de verano.
Desperezarme sin pudor.
Tentarme de la risa y no poder parar.
Tomar el sol.
Ver una película de Charles Chaplin.
Trasnochar con gente linda filosofando o cantando.
Leer en la cama...
Cuando corro para alcanzar el autobús y el conductor me espera.
Cuando me despierto temprano en domingo y puedo seguir durmiendo.
Cuando voy a comprar el pan y me lo dan caliente.
Cuando a mi amiga los análisis médicos le dan "impecables".
Cuando atiendo el teléfono y ese alguien en quien llevo pensando todo el día.
Cuando encuentro en un rincón cualquiera ese libro que creía perdido.

Siempre hay motivos para sentirnos bien.
Lo importante es que los "peros" y los "no", no nos distraigan del propósito de vivir.


jueves, 26 de febrero de 2015

Enjaulados





Hoy me ha despertado el canto de los pájaros. No eran ni las seis de la mañana. 
Se me escapó una sonrisa teñida de modorra y me revolví en la cama, arrebujándome en las mantas dispuesta a disfrutar del mágico momento. 

Pasados los minutos mi pensamiento se alejó de aquellos revoltosos y se fue hacia los otros, los pájaros tranquilos... los prisioneros, los cautivos tras los barrotes, durmiendo todavía en sus jaulas cubiertas para imponerles la oscuridad y el silencio de forma artificial. Esos a los que les hemos robado la aurora además de las alas. 


martes, 10 de febrero de 2015

Paula

Paula tiene los ojos de almendra y la risa fácil.
Disfruta de la música y los libros.
Ama a los animales.
A su paso agita cascabeles y reparte alegría.
Generosa, intuitiva. Estandarte de luz.
Soñadora y despierta.

Ella huele a violetas,
a pan,
a tarta de manzana.
Tiene siempre un aire marino,
una melancolía,
un vapor de arcoíris  rondándole  los pasos.

Un velo de misterio, como una mariposa, se ha prendido en su pelo
y le envuelve  los pies,
y la arrastra a un lugar donde nadie la alcanza.

Cuando anda, la tarde apresura la marcha, presa de la envidia,
distraída, la luna se queda esperando
a encontrar el reflejo en el halo sinople de su mirada.

Ella es una tea encendida al fondo de la cueva,
las mil sombras que su vaivén dibuja nadie las descifra.
Ella es pájaro y nido,
carretera y hogar,
rendición y esperanza.

"La pequeña" significa su nombre
pero ella es gigante.
Por eso a veces creo
que Paula en realidad
viene de otro planeta.
Y que sus quince años son una eternidad hecha poesía.
Una pregunta lúcida
a una respuesta viva.
Quince años que son a la vez
la jaula y las alas.
Quince años que pintan senderos,
que sin compasión reabren heridas.
Quince años de huellas.
Quince años de musas.
Quince años de abrazos.
Del amor, la medida...

miércoles, 26 de noviembre de 2014

La puerta del armario



No me gusta, al dormir, que se quede entreabierta la puerta del armario. 

No tengo miedo al monstruo que pudiera salir. 

Tengo miedo a que un sueño, se cuele dentro una noche, y entre tanto desorden, no lo vuelva a encontrar.

sábado, 18 de octubre de 2014

La maestra



La maestra se agachó a su lado y le levantó la carita para mirarle a los ojos. Sacó su pañuelo del bolsillo y con suma ternura le enjugó las lágrimas aprovechando para limpiarle los chorretes de las mejillas. Lo tomó de la mano y se fueron juntos hacia la enfermería…

Los sollozos de Pablo se fueron calmando a medida que la voz de ella, puro terciopelo, rozaba su alma. Finalmente, sentado sobre una mesa, las piernas colgando y una cómica expresión de susto, se dejó limpiar y curar la herida. Mientras lo hacía, ella hablaba del recreo, de los juegos de pelota y de la próxima excursión al puerto, solo para distraerle. Él la miraba embelesado y de vez en cuando dejaba escapar un suspiro, vestigio del llanto que ya había cesado.

_Maestra…

_ ¿Qué, cielo…?

_Me gustaría irme a vivir contigo.

_Sería estupendo Pablo _respondió ahogando el nudo que amenazaba con deshacerse en lágrimas_ pero… tus padres te extrañarían, ¿no crees?

Él no respondió. Fijó la vista en sus zapatos y se distrajo mirando cómo se balanceaban en el aire…

Ella terminó de vendarle la herida, guardó el agua oxigenada, las tijeras y las gasas, y extendió sus brazos para ayudarle a bajar de la mesa. Sostuvo su cuerpecito delgado en el aire unos segundos y lo dejó con suavidad en el suelo. Después buscó en su bolsillo un caramelo masticable y se lo tendió sonriendo.

Pablo miró el bolsillo extasiado. Siempre le había parecido que la maestra tenía algo de “maga”. En aquel bolsillo encontraba todo lo que necesitaba en el momento preciso: si iba a escribir en la pizarra, encontraba una tiza; si una nota a los padres, un bolígrafo rojo; si alguien tenía la nariz sucia, el pañuelito blanco con sus iniciales, y si alguien perdía la goma, aparecía una de repuesto… Ahora, que él estaba triste y dolorido, salía uno de sus caramelos favoritos…

Si… sin duda, tenía que ser magia.


Justo antes de atravesar la puerta en pos de sus amigos se volvió corriendo, aferró su bata blanca con las dos manos chiquitas y la obligó a agacharse nuevamente. Sin darle tiempo a reaccionar le tiró los brazos al cuello.

El abrazo duró un par de segundos, los suficientes para que las lágrimas se escaparan caprichosas de aquellos ojos color de miel.

Y mientras él corría ya olvidado de sus heridas, hacia el patio del recreo, la maestra se miró en reflejo de la ventana y recordó las razones que un día la habían empujado hasta allí. Y se dijo a sí misma: 
 _Sí, ha sido una decisión acertada. La mejor de mi vida.




viernes, 4 de julio de 2014

La persistencia de la memoria





Puede que el péndulo del reloj se compadezca, 

sople con suavidad, 

seque mis lágrimas… 

Puede que una niebla azulada y húmeda 

vele el espanto del cementerio 

en que nuestra casa 

se ha convertido. 

Puede que un dios benévolo y hermoso 

ponga en mi frente 

su palma, de vez en cuando, 

invocando al olvido durante unos instantes… 

Puede que tus miradas 

endulcen los silencios inclementes, 

o que tras los susurros 

se escondan los demonios. 

Puede que intente amarte, 

que te perdone, 

o que ría quizás tus alegrías, 

pero esta cicatriz que atraviesa mi rostro, 

esta atroz quemadura 

en mis ojos castaños, 

esta herida infectada y sangrante

no tiene cura… 

ya no puede sanar… 

es una marca negra y putrefacta 

que llevaré en mi carne 

hasta el último día, 

que anidará en mi alma incluso más allá… 

más allá de la muerte,

¡hasta en mis otras vidas!


lunes, 23 de junio de 2014

Ha vuelto tu silencio



Ha vuelto tu silencio...

¡hacía tantos años que no nos visitaba!

Ha vuelto sin razones, 

y con él, el dolor que habíamos olvidado.



Vino desde ¡quien sabe que recónditas sendas!

llegó como un regalo macabro

de la muerte... 

y se instaló en tus manos

en tu frente arrugada 

tapiando las ventanas que abrías a la tarde...


Desde que ha regresado

no sé donde buscarte 

te escondes en los pliegues de su túnica oscura

y no hallo tu rastro 

ni siquiera tu sombra

se me han roto los ojos tratando de encontrarte.



Ha vuelto a enmudecerte 

mientras yo desespero 

a ocupar el reloj de nuestras horas juntos 

sin dejarnos espacio ni tiempo para abrazos, 

sin dejarnos al menos una rendija abierta 

para que entre la luz 

al mínimo descuido.



Tu silencio se escurre por los muros desnudos

se cuela entre mis libros

mancillando palabras 

que huyen 

y ya nunca regresan, 

enlentece las horas en las que no hallo el sueño

se hamaca entre tus sienes 

clavándote sus garras

deshojando en enconos 

tus latidos hastiados de tanta soledad acompasada.



¡Cuánto dolor encierra tu silencio gastado!

que me revienta el alma de purita impotencia... 

Si sufro yo, que puedo 

a veces desterrarlo 

gritándote a la cara mi rabia y desconsuelo

¡cuánto has de sufrir tú!

que apretando los puños, 

te empeñas en desollar tu herida

mordiéndote los labios...



...convocando al silencio.

martes, 13 de mayo de 2014

Los trece mandamientos del supersticioso.

(Aprovechando que hoy es martes 13, hablemos de supersticiones, eso sí con mucha irreverencia y un poquito de buen humor. Aquí les dejo mis "Trece mandamientos del supersticioso"). 



1.- No rompas un espejo. Podrías cortarte y es probable que salgas de casa con el rímel corrido. 

2.- No abras el paraguas dentro de la casa. Y menos si hay alguien cerca al que podrías sacarle un ojo. Recuerda que sacarle un ojo a alguien también trae mala suerte.  

3.- No dejes el sombrero sobre la cama. Se te dormirán las ideas. Bueno, si a estas alturas del S. XXI usas sombrero es posible que ya estés bastante “dormido”. 

4.- No pases por debajo de una escalera. Y si pasas no la empujes, al que está subido a ella le traerás mala suerte y muchas probabilidades de escayola.  

5.- Evita cruzarte con un gato negro. Es imprescindible que,  si te lo cruzas, des inmediatamente tres pasos atrás. Eso sí, teniendo cuidado de no volver a pasar por debajo de la escalera de antes. 

6.- No derrames la sal. Según la tradición, si lo haces, debes lanzar una pizca sobre tu hombro izquierdo, ya que es el sitio por el que se asoma el diablo (o al menos eso es lo que dicen los religiosos que siempre han sido de derechas) Dicen los entendidos que si derramas sal, azúcar, vino o leche, es señal de que tu economía se verá resentida. Eso sí, en favor de la del simpático dueño de Mercadona, ya que tendrás que volver a hacer la compra.  

7.- No dejes que te barran los pies.  Y menos si acabas de comprarte zapatillas nuevas. 

8.- Si vas a casarte, prohibido que el novio vea el vestido  antes de la boda. Si resulta que pareces un repollo igual se arrepiente… 

9.- No te levantes de la cama con el pie izquierdo.  Mejor aún… ni te levantes. Total… para lo que hay que ver en la tele. 

10.- No vistas de amarillo. No olvides que Molière murió en el escenario vestido de amarillo. Y si el color amarillo pudo cargarse a un genio como él, contigo no tendrá piedad, te lo aseguro.  

11.- No viajes en día martes, y más aún si es martes 13. Es más, no viajes nunca. Recuerda que viajar amplía tus horizontes, te ayuda a eliminar prejuicios, te hace crecer como persona, te vuelve tolerante… y ¡no podemos permitir eso! 

12.- No pierdas un guante. O cómprate todos los pares del mismo color…  

13.- No cuelgues un cuadro torcido. ¡Alguien podría pensar que es arte moderno!


Si después de leer estos consejos  te das cuenta de que has hecho todas esas cosas y no has tenido mala suerte en tu vida, existen dos posibilidades:

Una: que seas un “Gafe” (en España hay algún ejemplo de dominio público) y la mala suerte la repartas a diestro y siniestro generosamente y sin quedarte nada.

Dos: que tu retorcida mente científica no sea capaz de relacionar los hechos  con meridiana claridad para darte cuenta de que los recortes en I + D no son simples casualidades de la vida. 

lunes, 12 de mayo de 2014

Dos abrazos



Hoy he recibido dos abrazos.

Uno por la mañana, impregnado de reencuentro. Un abrazo feliz, apretado y afectuoso, que me llenó el corazón de regocijo, predecesor de una charla animada, regada con vino y risas.

El otro abrazo, el de la tarde, venía teñido de luto. Un abrazo largo, triste, de esos que no necesitan de palabras porque en el silencio el dolor se comparte plenamente y las almas se comprenden y se consuelan arropadas en la mutua lealtad y la ternura.

¡Cómo es la amistad! Lo mismo estalla jubilosa, franca y deslumbrante, llenando el aire de luces y esperanzas, que se acurruca noble y cómplice en los corazones rotos para ofrendar consuelo y curar heridas con vocación galena.

En todo caso, y mirando hacia atrás, y hacia adelante, y a los lados, sólo abrazo un deseo:

“Que nunca,

nunca,

nunca

me falten mis amigos”

lunes, 5 de mayo de 2014

Paréntesis



Sea mi soledad el único tributo

al Dios Obstinación y sus sicarios, 

guárdeme Maya de ejercer su magia 

sin abolir la ralea de los que 

engendran esclavos.



Sea mi soledad ¡tan merecida! 

una forma de vida con la muerte 

hasta que cambie el viento

y sople desde el sur 

deshilachando brumas, 

barriendo nubarrones en mi orilla.



Sea una vez y otra, 

la primera,

y descúbrate más allá de las montañas

ávido de ternuras tempraneras 

expectante y rendido a los ritos de amor 

que te enseñare. 



Sea el aliento helado de la muerte 

el que de vida a las llamas que se aúnan 

para forjar la perfección del cosmos 

en que nos transformamos … 



Sea tu soledad también la mía, 

y encuéntrense las dos para extinguirse 

entre tu cuerpo y el mío entrelazados...





Sea. Y cuando haya sido, 

entonces, 

hagamos un paréntesis...



¿Serías capaz, amor, 

de penetrar mi alma deshabitada,

y poblarla de estrellas?





viernes, 2 de mayo de 2014

Rosario de palabras



Yo, que ya no sé orar, no supe sostenerlo entre los dedos. Se me cayó el rosario de palabras andantes y salieron rodando, desperdigadas por el suelo del salón. Las estaba enhebrando para componer con ellas, una poesía. Pero el hilo, más débil que el peso de las mismas, rompió sin previo aviso. Y se perdieron muchas debajo del sofá, detrás de las cortinas, en el rincón umbrío junto a la biblioteca.

Mientras las busco, hilvano las que voy encontrando y entonces lo comprendo:

De toda lógica es, que el hilo de la trama no aguantara la carga. Se trata de palabras de mucho peso. Entre ellas están “lucha”, “verdad”, “filosofía”; y también “profesor”, “igualdad”, “prosperidad”, “irreverencia” y “lápiz”.

martes, 22 de abril de 2014

Puertas

Dibujo: Puerta vieja - Carlos Sánchez


Nació un 13 de Enero. A ella le gustaba decir que nació el día 13 del mes 13, solo para que los supersticiosos cayeran en la tentación de darle la murga y poder mandarlos a la mierda sin contemplaciones. Pero su suerte nunca estuvo ligada a los números y ella lo sabía. De hecho, todas las puertas de su existencia se las había abierto o cerrado la palabra.

La puerta del mejor colegio de la ciudad, al que entró saltándose un curso, se abrió porque sabía leer perfectamente con solo 4 años.

La puerta de la sala de castigos se cerró tras ella gracias a la frase: “te vas a cagar mamón”, cuando el cura quiso hacerle creer que tocarle el culo era algo de lo más natural y hasta tenía su mística.

La puerta del periódico universitario la franqueó triunfante con aquel artículo bajo el brazo, sobre la tendencia de los represores a restringir la filosofía en favor del credo.

Y las puertas de la lucha colectiva las empujó ella misma fundando contra viento y marea la revista “Mi mundo ciego” en la que, desde el exilio, denunciaba los abusos de un régimen totalitario, falsario y déspota que masacraba a su pueblo ante las narices de las “naciones libres” sin que nadie hiciera nada.

Esa misma lucha le abrió una noche, cruzando la frontera, el portón de la cárcel. Y allí, en aquel universo sin ventanas ni papel donde escribir, en el mismo instante en que se cerraba tras ella la reja metálica, se colaba en su alma un resquicio de luz, al oír las palabras “Hola, soy Laura” que en forma de bienvenida le regalara su compañera de celda; la misma que derrumbaría todos los muros y abriría de par en par todas sus puertas, develando para ella los secretos del amor, tras los barrotes del calabozo número 13.

Para los que gustan de sumar números y hacer cábalas haré una pequeña aclaración: que las puertas del infierno se abrieran para ella un 5 de Agosto, nada tuvo que ver con la mala suerte. Fue la consecuencia natural de haberse negado una y otra vez a “colaborar”, de no revelar un solo nombre, ni facilitar un solo rastro para que los redactores de “Mi mundo ciego” pudieran seguir contando las verdaderas noticias.


viernes, 18 de abril de 2014

Ojos de agua




Soy un secreto a voces, 

un puñado de arena incandescente, 

un movimiento pendular, 

un chaparrón de semillas de colores, 

un a onda en el agua, 

sucesor de otra onda, y de otra… 



Soy la sombra, el temblor, el desconsuelo, 

el heredero de un tesoro inventado. 

A veces, un haz de luz mortecina 

atravesado por motas de polvo deambulantes, 

un báculo sin dueño, 

un espejo hecho añicos 

y sus correspondientes años de infortunio… 



Una preguntas retórica, 

un descuido, 

un rastro de carmín inculpador, 

una falacia, 

una disculpa incoherente a mitad de camino 

entre mi desazón y tus ojos de agua. 



sábado, 22 de marzo de 2014

Bruno

Dedicado a mi amiga Allison, que rescató a Bruno contra toda necedad o 

despropósito, sin importar si en aquel acto generoso, arriesgaba 

su propio interés.


Doce de la mañana. Me dirijo al trabajo con pasos apurados. El sol entibia las calles. La gente camina despreocupada, inmersa en sus quehaceres y sus pensamientos.

Al girar en una esquina me lo encuentro de golpe. Parece un saco informe de huesos, y cuero ensangrentado. No es posible pensar en un ser vivo, salvo porque se mueve y gime quedamente. Me agacho con cuidado y me mira a los ojos. Está muerto de miedo, de hambre, de cansancio. Su estado de abandono es espantoso, la sarna y el recelo lo devoran en vida. Casi no tiene orejas. El instinto de supervivencia, apenas aferrado a sus carnes marchitas le lleva a roer una piedra. Es uno de los muchos perros desamparados que esconde mi ciudad por todos los rincones. La gente indiferente nos esquiva entre muestras de desagrado por el inconveniente de tener que rodearnos. Parece ser que ocupamos un espacio precioso en la agrietada acera.

Su mirada suplica: “No me dejes morir”… “no me abandones ahora que ya me has conocido”.

Durante unos instantes recuerdo mi responsabilidad, los pacientes, la sala de espera atiborrada de mujeres encinta… Pero al momento, automáticamente, tal como me enseñaron, decido aplicar la regla de oro de mi profesión: priorizar, lo urgente antes que lo importante.

Aviso que no iré a trabajar esa mañana al hospital. Preguntan la razón. Fiel a mí misma les digo la verdad.

Lo rescato de su inminente muerte y él, en agradecimiento, decide sobrevivir.



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Al día siguiente me espera temprano mi superior en su oficina. Miradas censuradoras se me clavan en la espalda mientras abro la puerta de su despacho. Frustrados compañeros de trabajo que ayer, por mi ausencia, trabajaron más de la cuenta. O no, cualquiera sabe. Posiblemente mi ausencia la pagaron las pacientes del hospital.



Hay una discusión en la que no encontramos ni un solo punto en común. Me pone una falta grave y una advertencia.

_Me hubiera bastado con que dijeras que no te encontrabas bien, y nada habría pasado. Pero faltar por un perro, como comprenderás, es algo inadmisible.

_ ¿Está Ud. sugiriendo que habría preferido que le mienta? _ pregunto incrédula, recalcando las palabras.

_ Es obvio _me contesta _cualquiera menos tú se daría cuenta.

_No es obvio para mí _respondo incrédula._ Pensaba que la honestidad tendría algún valor Soy enfermera porque amo la vida. Y no solo la humana. Toda la vida.

Me retiré del despacho sintiéndome a medio camino entre la frustración y la victoria. A mi edad no he aprendido a mentir todavía, y así me va…

La falta grave mancha ahora mi expediente bloqueando cualquier posibilidad de ascenso o promoción laboral y el orgullo que siento cada vez que pienso en ella me hace fuerte.

Por cierto, mientras escribo, Bruno, un bello, enorme y feliz dogo blanco dormita y suspira tumbado a mis pies, hecho un ovillo. Mientras lo observo respirar me digo a mí misma que volvería a hacerlo, no solo una, sino mil veces más si hiciera falta.

viernes, 21 de marzo de 2014

Sobre el amor de los hijos.



El amor de una madre es una gracia, un regalo, no cuesta nada, está ahí para tomarlo gratis, es una dádiva del universo. No es un logro nuestro, no nos pertenece, casi siempre viene de propina, de preciosísima yapa con la vida.

Mas, el amor de los hijos es fruto de un esfuerzo, de una labor, de una entrega, que a veces realizamos sin cansancio, por puro instinto; por infinito, maravilloso y excelso sentimiento... y otras veces sin embargo es onerosa, nos cuesta la propia vida, nos desgarra el alma, nos supone duros abandonos de otros o de nosotras mismas.

Es el laurel de una victoria que uno no busca pero que echa en falta si no consigue, una honra fundada en lo invisible, en la heroicidad que contienen los pequeños detalles, en la proeza que supone la cotidianidad en toda su crudeza. Una hazaña labrada en el trabajo, en el oficio sempiterno para el que no hay formación ni diploma, que no tiene salario, aunque sí recompensa.

El amor de los hijos es un premio a una carrera ganada, a una odisea vivida, a un desafío conseguido. Una medalla al mérito por un combate sin final y sin cuartel.

Por eso nos es tan precioso.


jueves, 20 de marzo de 2014

La mochila




Hoy me regalaron una mochila. 

Parece un regalo corriente pero no lo es. 

Una mochila es, según se mire y según se use, una nave al paraíso, un tren con destino al asombro, un navío cargado de ojos ávidos de paisaje. Puede parecer inofensiva, pero su poder radica en ir minando nuestro sosiego, en perturbarnos la paz y el orden establecido hasta que no nos quede más remedio que lanzarnos al vacío de la aventura. 

Es un arma de doble filo porque nos embauca para no regresar jamás a casa. Nos seduce con olores exóticos y colores nuevos. Nos empuja por caminos y andenes, por terminales y aeropuertos, por cañadas, por valles, por bahías y torrentes que descienden de montañas. Nos instiga a mirar adelante y buscar siempre nuevos horizontes estrellados, balcones con vistas, abismos sin fondo… 

Tenerla en un rincón de la casa siempre supone un peligro. Desde su esquina umbría, silenciosa y astuta, ella acecha paciente. Al mínimo descuido nos embruja fingiendo candidez, a abrirla y vislumbrar sus posibilidades. Y una vez lo hemos hecho, ya somos presa fácil. El salir por la puerta cargados de entelequias sólo es cuestión de tiempo…